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Mirar a nuestros hijos de forma respetuosa, nos ayuda a conectar y entender sus necesidades en los momentos de las comidas.

Tratar los momentos de las comidas de forma respetuosa es un aspecto más de la crianza. Todos los aspectos son importantes pero lo que hace que el momento de las comidas sea imprescindible de cuidar es que estos, son varias veces al día y que en nuestra sociedad es un tema que preocupa a los padres y que en muchas familias, ya sea por creencias que tenemos interiorizadas o por la presión que ejercen a veces profesionales, familiares, conocidos sobre el tema, se vive con más preocupación que otros.

¿Pero qué es lo que hace que una mamá o papá, se sienta tranquila, relajada y con armonía con sus hijos a la hora de las comidas? Dos cosas.

Una hace referencia a cómo vivimos nosotros de pequeños estas situaciones. Si por ejemplo, teníamos unos padres autoritarios que no nos dejaban levantar para nada de la mesa, o bien que nos obligaban a acabarnos el plato, para nosotros será mucho más difícil sostener cualquier situación que implique cambiar esos patrones. Lo notaremos porque serán situaciones que nos pondrán más nerviosos de lo normal, o nos agobiaran hasta tal punto, que igual somos incapaces de hacer lo contrario de lo que nos hicieron a nosotros. Por muy desafortunada que estuviese la acción que hiciesen. ¡Nos quedamos sin herramientas! ¡porque, el hecho, es que no las llegamos a tener nunca para manejar tal situación! En este caso tengo dos opciones: – Una seria: Respiro, miro de relajarme y de entender que eso que me pasa es a causa de mi vivencia infantil y miro de trabajármelo. Y la otra: Si no soy capaz de sostener eso, lo explico. ¿A quién? Pues al niño/a. Le explico lo difícil que es para mí sostener eso y lo que yo en ese momento necesito para estar bien, desde el punto de vista de MI necesidad. Un niño/a comprendido y respetado siempre intentará colaborar en la medida de lo posible para él y no opondrá tanta resistencia cuando se le explique.

La segunda cosa que hará que una mamá o papá se sienta tranquila/o a la hora de las comidas es lo capaces que seamos de confiar con los ritmos naturales de los niños en todos los sentidos. Confiar en la sabiduría de la naturaleza. ¡Es decir, confiamos en que el niño es sabio y es su instinto biológico el que le mueve, el mismo que marca cuando tiene frío, cuando tiene calor, cuando tiene hambre o cuando no o hasta cuando tiene hambre! También en procesos de maduración como el de dejar el pañal. ¡Será él/ella quien nos marque cuando está preparado! Nosotros solo podemos acompañar pero en ningún caso forzar. Hay que SENTIR al niño/a. Solo así podemos entender su necesidad, comprender lo que nos quiere decir.

Y es que desconectar naturaleza de la cultura es equivocado. Nos hemos desconectado de la naturaleza para dar paso a la racionalización y esta nos desconecta del vínculo.

Y es que, si nuestro hijo no es de comer grandes cantidades, a veces se tiende a forzar. Comentarios como, “no has comido nada”, “tienes que comer o no te harás mayor”, “te vas a quedar chiquitito”.

Y yo pregunto: ¿Quién sabe si tiene más hambre o no? ¿Quién sabe si lo que ha comido el niño es poco o mucho? Pues solo ÉL o ELLA lo sabe. Solo ÉL/ELLA!

¿Entonces, por que insistimos en que coman? No es mejor dejar que un niño sienta la sensación de plenitud o de hambre para comer o dejar de hacerlo? Eso sí le será beneficioso en su futuro.

El mayor favor que les podemos hacer a nuestros hijos es ayudarles a conectar con la sensación de saciedad. Es vital para que puedan autorregularse y nos evitemos trastornos y problemas posteriores, sobretodo en edades como la adolescencia.

También hay que recalcar que si empezamos bien ya desde los 6 meses que empiezan a probar algunos alimentos, nos será mucho más fácil que nuestros hijos estén conectados con estas necesidades y sensaciones. Para eso, ayuda también empezar en ese momento la alimentación complementaria natural y autorregulada por el bebé, el Baby Led Weaning. (puedes leer sobre mi asesoramiento en Baby Led Weaning, aquí). Un buen VÍNCULO AFECTIVO ayuda a CONECTAR más fácilmente con nuestros hijos.

Bajo mi punto de vista, los comentarios “no comes nada” y similares hacen un juicio directo y una merma de la autoestima del niño. Además el niño nota y percibe que NO LO SENTIMOS, no empatizamos con él.

Sería más favorable hacer como mucho, hacer comentarios para VALIDAR un hecho. Por ejemplo: Si nuestro hijo come habitualmente un plato que para él es lo normal, pero lleva unos días que no come tanto, podemos decir frases como: -veo que estos días no tienes tanta hambre, -¿te has dado cuenta que estos días no comes tanta cantidad? Creo que te pondré menos porque prefiero que no se quede tanta comida en el plato. O aún mejor: -¿Que tal si te pones tú mismo la cantidad que creas que vas a comerte?

Si ya de por sí, es un niño que come poquito y el niño está sano, contento, juega, etc. hemos de entender que ÉSE es su ritmo natural y que ese niño no necesita tanto para comer.

A veces veo niños de complexión pequeña, algo delgaditos, con facciones pequeñas y que a la vez, muchas veces, son hijos de padres también pequeños. ¡Hay que entender que estos niños no necesitan tanto! ¡Dejemos de obligarlos! De verdad que he visto niñ@s que están 1h para merendar, con la mamá, papá o canguro dándole en la boca como si fuera un pollito!

Para estos niños que comen poco, sí es importante que lo que coman sea de calidad y saludable. A veces se cae justo en lo contrario. “¡Como come poco, al menos que coma!” Y entonces se le da un batido de chocolate o bien fruta triturada, envasada, bebible o lo que sea que no sea un alimento real y saludable. Pero claro, como casi no come….pues al menos que coma algo, lo que sea. ¡Pues no! Hay que cuidar más que nunca la alimentación de estos niños y dejar de obligarlos para que sus momentos de comer no sean una tortura.

Por lo tanto, podemos deducir que alimentación y emoción van ligadas y cogidas de la mano.

El trato hacia el niño/a y el vínculo que se establece durante las comidas son parte de la emoción y relación que vamos a vivir con nuestros hijos.

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